¿En qué se diferencian una consultora en diversidad y una activista feminista?

Coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, Autentia publicó esta entrevista que me hicieron un par de semanas atrás sobre La Intercultural y mi trabajo como consultora en diversidad.

https://youtu.be/W-nItE1N20g

La última pregunta no la esperaba, y me parece muy reveladora sobre el estado actual de la conversación sobre diversidad en el sector IT.

“¿El hecho de dedicarte a estos temas, que sacan los colores a las empresas, te ha reportado alguna vez algún tipo de problema profesional?”

Respondí de inmediato con la verdad (min. 20:16) pero me quedó la impresión de que era necesario aclarar algo más.

Creo que es importante definir las diferencias que existen entre el activismo feminista y el trabajo sobre diversidad, porque parecen confundirse.

Una persona activista es aquella que, consciente de que hay una situación injusta, decide implicarse personalmente para resolverla. La conciencia de que existe una injusticia y la voluntad de combatirla son suficientes para iniciarse en el activismo. El activismo puede articularse sobre cualquier asunto y de diferentes formas, desde la simple denuncia individual hasta el diseño grupal de propuestas y soluciones que puedan utilizarse para resolver problemas concretos.

En el sector IT, actualmente, el activismo feminista individual se encuentra sobre todo en redes sociales y está enfocado en denunciar la brecha salarial, el techo de cristal y la poca visibilidad de mujeres en tecnología. El activismo grupal se articula presencialmente en las comunidades y en iniciativas específicas para/de mujeres (desde las diferentes franquicias del Women Techmakers hasta los cursos de Adalab).

Por otro lado una consultora en diversidad es aquella persona que trabaja identificando puntos de dolor o áreas de mejora relacionadas con la diversidad en las organizaciones clientes. Analiza posibles estrategias para abordar problemas específicos y ofrece propuestas que son adecuadas a cada situación, así como herramientas de medición sobre resultados para posteriores evaluaciones de seguimiento.

Su labor puede incluir formación, coaching en liderazgo, consultoría (de procesos, de comunicación, de gestión de talento, etc…) en función de las necesidades de cada organización y de sus propios recursos profesionales.

Resumiendo, hay dos diferencias fundamentales:

La activista no tiene que ser especialista en el tema. Puede ser profesional de cualquier área, basta con ser consciente de una injusticia y tener voluntad para “hacer algo” que la combata. La consultora, por su parte, tiene una especialización profesional en el área sobre la que trabaja.

La activista no persigue el beneficio de una organización concreta. Su actividad puede, incluso, enfocarse a perjudicar a las personas u organizaciones que considere están siendo injustas. La consultora, por otro lado, trabaja para su cliente. Su labor está directamente enfocada a procurarle un beneficio.


La pregunta que me hicieron en la entrevista (presuponiendo un riesgo personal en mi trabajo como consultora) es consecuencia de la percepción de la diversidad como un tema conflictivo en el sector IT.

Esta percepción nace de un malentendido que sintetiza muy acertadamente la desarrolladora Belén Albeza en esta viñeta:

 

Es decir, se considera a toda “mujer IT” como una activista feminista,presuponiéndosele la voluntad de invertir su tiempo y energía en combatir injusticias de género.

Además, ahondando en el malentendido, no solo se espera de ella que tenga compromiso activista, también se le exige que tenga un enfoque necesariamente constructivo… y los suficientes conocimientos específicos como para realizar intervenciones útiles y acertadas.

En conclusión:

Una parte importante del sector tecnológico presupone a sus compañeras una doble titulación: Como profesionales de lo suyo y como consultoras de diversidad… y tiene la expectativa de que realicen labores consultivas sin percibir remuneración alguna.

Este malentendido es la raíz de gran parte de los conflictos en las conversaciones sobre diversidad, y se traduce en que muchas personas eviten el tema y “no quieran meterse en esos jardines”, perdiéndose oportunidades de oro para establecer diálogos positivos que pueden dar frutos enriquecedores.

Como buena consultora (y activista) a mí sí me gusta la jardinería. Así que si tienes cualquier duda, comentario, sugerencia o puntualización a este respecto, será estupendo hablar contigo. 😉

¿Hay feminismos de primera y de segunda? ¿Y si los unimos?

Debate "La invisibilidad del feminismo"

Hace unos días se celebró en el Teatro Español una mesa de debate sobre “La invisibilidad de las mujeres”.

Este evento evidenció la brecha que existe entre lo que yo llamo el feminismo tradicional por un lado y el feminismo 3.0 por el otro.

Estos dos tipos de feminismo no se corresponden con ninguna corriente específica. De hecho, agrupan a activistas que pueden sostener discursos antagónicos sobre temas fundamentales.

Lo que diferencia a ambos sectores es, principalmente, el uso que hacen de internet y las redes sociales.

La brecha parece generacional. La moderadora, Rosa María Mateo, llegó a explicitarlo tras un diálogo entre la veterana periodista María Guerra y las jóvenes artistas de Dones i Cultura. “Es como una discusión entre madre e hija”, dijo.

Y mucho de eso hay… pero no es lo único.

Porque otra diferencia fundamental se encuentra en el protagonismo que, gracias a internet, han cobrado voces nunca escuchadas directamente hasta ahora. Voces que tienen un espacio marginal o estereotipado en la academia y medios de información. Voces que han hecho de las redes su lugar de reinvindicación directa.

El feminismo tradicional abre camino gracias a mujeres valientes que luchan por normalizar la presencia de sus iguales en espacios de poder. Según van avanzando en la senda hacia la paridad se reafirman en sus postulados.

El problema es que ese “iguales” no recoge la diversidad… y cuando esta falta de representación se señala, la respuesta suele estar condicionada por mecanismos inconscientes de defensa muy similares a los del machismo.

Esto quedó patente en la mesa de debate gracias a nuestra compañera Antoinette, directora de la revista Afroféminas.

Antoinette interrumpió a la académica Asunción Bernárdez cuando esta declaraba que “las mujeres ya lo hemos hecho todo” en lo que respecta  al feminismo. Antoinette se desmarcó de esa primera persona del plural que describió blanca y burguesa y que, según ella, no incluye a las mujeres racializadas. Su intervención provocó una incomodidad ostensible entre las feministas tradicionales que marcó el tono del resto del evento (ver 55:36).

Conozco esa incomodidad. En mi trabajo con directivos encuentro la misma renuencia a escuchar las experiencias de discriminación de la diversidad. La misma tendencia a minusvalorar sus aportaciones con condescendencia.

Sé que rebajar el nivel de incomodidad es clave para mejorar la capacidad de liderazgo de mis clientes… y con ello la rentabilidad de sus organizaciones a través de una mejor gestión de la diversidad.

Al salir del teatro Antoinette y yo analizamos lo que había pasado y decidimos hacer algo constructivo al respecto.

Se trata, pensamos, de trasladar al activismo el mismo trabajo de empoderamiento que realizo en las corporaciones. Facilitar a sus líderes (actuales y potenciales) herramientas para aprovechar las experiencias de la diversidad en su labor.

Dicho y hecho. Esa misma noche bocetamos un curso que hoy, unos días después, ofrecemos al público.

Te invitamos a conocerlo.
Te sugerimos que te inscribas.
Te pedimos que lo difundas.

Todas y todos podemos hacerlo mejor. La transformación digital y la diversidad han venido para quedarse. Están llenas de oportunidades. Aprovechémoslas para crecer.

La digitalización, la transformación digital, el cambio cultural y las metodologías ágiles

LA DIGITALIZACIÓN ES UNA CONSECUENCIA

La digitalización es una consecuencia del avance tecnológico y, en especial, de Internet.

El Big Data es una consecuencia de la digitalización y del avance tecnológico.

La datalización es una consecuencia de la digitalización, de la sensorización y del Big data.

La inteligenciación es una consecuencia del Machine Learning y de todo lo demás.

LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL ES UN PROCESO

La transformación digital es el nombre oficial del proceso que siguen las organizaciones para pasar de un estado poco o nada digitalizado a más digitalizado. Donde “digitalizado” no es únicamente un adjetivo tecnológico, sino que entronca con algo mucho más importante: el ADN mismo de la organización, la forma de pensar, la forma de hacer, la forma de ser y los valores.

El abrazo a la digitalización implica de hecho convertirse en una organización que aprende y que aprende a adaptarse. Lo necesario no es sólo dotarse de tecnología digital, sino cambiar al paradigma de lo digital en todos los sentidos: liderazgo distribuido, colaboración, cooperación, trabajo en equipo, autonomía distribuida, interfaces de relación flexible. En definitiva, respecto al paradigma tradicional, cambia casi todo. Se trata de una nueva forma de pensar, ser, hacer y relacionarse con el ecosistema (clientes, usuarios, colaboradores, otras entidades, tecnología, cosas y entorno).

La transformación digital puede ser un proceso orgánico o inducido, voluntario u obligado, natural o provocado. Pero es necesario.

 

LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL ES UNA TRANSFORMACIÓN CULTURAL

La digitalización cambia el contexto.

Nuestro contexto nos cambia a nosotros.

Consumimos diferente y nuestra demanda es diferente.

Nos relacionamos de forma diferente.

Nuestro contexto digitalizado cambia nuestro comportamiento.

Nuestro comportamiento cambia, nuestras reglas cambian, nuestra forma de relacionarnos cambia. Ergo: nuestra cultura cambia.

La digitalización transforma la sociedad: personas, organizaciones y entorno. Es una transformación cultural porque lo es sin remedio, ya que cambia la forma y las reglas con las que todo se relaciona.

Internet y el avance tecnológico cambian los usos y los comportamientos de las personas, trabajadores y usuarios, y cambia en consecuencia los servicios consumidos y demandados y por lo tanto, los servicios ofrecidos y, por lo tanto las organizaciones.

Y esta transformación sucede sabiendo además que ya no vamos a parar de cambiar. El contexto no va a parar de cambiar, las personas tampoco. Hay que ser adaptativos o no ser.

El proceso vendido por agentes y consultoras como transformación digital ayuda a facilitar esa transformación en la forma de hacer, de trabajar, de relacionarse, de pensar y de entender. Es una facilitación de la transformación cultural de las organizaciones y es una implementación de la digitalización en lo que a tecnología y forma de trabajo se refiere.

 

LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL Y LAS METODOLOGÍAS ÁGILES

Suponiendo que sea cierto todo lo anterior*, es fácil entender como en muchos planes estratégicos de transformación digital se incorpora como parte clave del mismo las metodologías ágiles. Es una convergencia natural pues, en esencia, la cultura objetivo que dibuja la cultura agile es la misma cultura objetivo de una empresa adaptativa e innovadora.

En esos planes, las “metodologías ágiles” no son una mera herramienta o un marco metodológico más. Es un componente acelerador de la transformación cultural que es core en la llamada transformación digital. Con las metodologías ágiles estamos trabajando la cultura en sí, orientando la organización a un modelo de adaptación al contexto, necesario para poder seguir las olas transformación que están sucediendo y las que están por venir.

* Léase de forma irónica.

CONCLUSIONES (o algo así)

Estamos en plena macrotransformación de todo, originada por el avance tecnológico, y que deriva, en esencia, en una transformación cultural (la llamemos “digital”, o como la llamemos).

Para afrontarla, podremos dotarnos de más tecnología, pero lo que realmente necesitamos es aprender a aprender a ser lo más adaptativos posible, como individuos y como organizaciones. Ser adaptativos para incorporar avances y evoluciones que nos hagan más competitivos y mejores, constantemente. Ser adaptativos para seguir la ola de la exponencial evolución tecnológica, que se convierte en el ingrediente subyacente de todo y que todo lo transforma.

Estamos en plena macrotransformación de todo, y sólo acaba de empezar. Así que corred.

Beatriz Martín Valcárcel